Silvia Ribeiro

Crédito de la imagen: U.S. Geological Survey

Aprovechando la gravedad de la crisis climática, hay una agresiva ola de parte de empresas, algunos académicos y gobiernos, para avanzar técnicas de geoingeniería (manipulación intencional del clima). Son propuestas tecnológicas para remover carbono de la atmósfera una vez emitido o para tapar parte de los rayos solares, en el intento de bajar la temperatura global. Proponer estas tecnologías es sumamente útil para no hacer nada ahora, justificando seguir con las emisiones que causan el caos climático con la promesa de que en el futuro se resolverá con tecnología. Abren también nuevas fuentes de negocios, por ejemplo para la industria petrolera y otras causantes del desastre. Son tecnologías mayormente especulativas, no existen o no hay ninguna evidencia de que funcionen a la escala requerida.

Geoingenieros reciclan políticos caducos para avanzar su agenda

Nuevos impactos del glifosato

Una serie de estudios científicos publicados recientemente muestran nuevos impactos nocivos en la salud humana, animal y vegetal del glifosato y otros agroquímicos usados en la producción agrícola y alimentaria. Además de las graves consecuencias ya conocidas por exposición directa a estos agrotóxicos, varias investigaciones se enfocan en el efecto de los residuos que quedan luego de su aplicación en cultivos. Por ejemplo, la presencia de glifosato en el cuerpo humano debido a la ingestión de residuos en alimentos y agua y también los efectos de residuos del agroquímico que permanecen en los suelos. Uno de los impactos del glifosato que se muestran es la muerte de microbios benéficos dentro de los organismos y el desequilibrio que esto ocasiona en los sistemas digestivo e inmunológico de seres humanos, animales e insectos. Otro aspecto muy preocupante es que genera consecuencias negativas intergeneracionales.

Nuevos impactos del glifosato

Foto: Leonardo Rossi

En este 2022 que no salimos de los impactos de una pandemia anunciada pero ya entramos en nuevas guerras y otra crisis alimentaria global, La Vía Campesina cumple “30 años de luchas colectivas, esperanza y solidaridad”.

Luchas campesinas, esperanza y solidaridad

Frente al abismo climático

En medio de una nueva ola de aumento de la explotación de gas y petróleo, favorecido por el aumento de precios y el argumento de blindarse ante la guerra en Ucrania, el panel de expertos sobre cambio climático de la ONU acaba de publicar su tercer informe en un año, cuyo mensaje principal es la urgencia de reducir rápida y drásticamente el uso de combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) en todos los rubros.

Frente al abismo climático

La parada de Natalia Volova en el mercado del barrio de Livoberezhnyi. Foto: Pere Tordera

Los precios de los alimentos van en rápido aumento, aparentemente como consecuencia de la guerra de Rusia y Ucrania. Grave impacto para muchas poblaciones, que expone la vulnerabilidad global en que nos coloca el sistema agroalimentario industrial dominado por corporaciones trasnacionales.

Guerra y alimentos

¿Quién gana con las importaciones de maíz?

México es el mayor importador mundial de maíz, lugar que ocupó por primera vez en 2017. Es un dato preocupante por la dependencia que sugiere, y suena absurdo por ser México el centro de origen del grano y uno de los países donde su consumo para alimentación de la población es de los más altos del planeta. Pero si miramos la realidad detrás del dato, hallamos que a quien alimenta ese maíz importado no son personas, sino ganancias de trasnacionales de la industria agrícola y pecuaria, que todo el tiempo pujan por aumentar sus lucros, a despecho de los graves impactos que causan a la salud, el ambiente, la economía nacional y las economías campesinas y populares.

¿Quién gana con las importaciones de maíz?

El sistema “alimentario” industrial no alimenta

A nivel global, más del 70 por ciento de la gente se alimenta por lo que proveen las y los más pequeños: comunidades campesinas e indígenas, pescadores artesanales, pastores, apicultores, huertas urbanas. Debido a los despojos, desplazamientos forzados y sucesivas agresiones por siglos y hasta el presente, lo hacen con menos del 25 por ciento de la tierra y el agua y con un 10 por ciento de combustibles de uso agrícola.

El sistema “alimentario” industrial no alimenta

La disputa sobre quién nos alimenta

Mucha gente, sobre todo en las ciudades, cuando se pregunta quién produce los alimentos, piensa en extensos campos y maquinarias, grandes empresas y supermercados. Muchos saben que esos alimentos no son los mejores, pero creen que son los que proveen la alimentación de la mayoría. Es un mito. Incluso la FAO (organización de alimentación y agricultura de la ONU) reporta que las granjas familiares producen 80 por ciento de los alimentos, lo cual reafirmó al inicio del Decenio de la agricultura familiar (2019-2028).

La disputa sobre quién nos alimenta