Inequidad y cambio climático: El drama del agua en la ruralidad

En Chile existe una mala distribución del agua, muchos Derechos de Aprovechamiento de Agua (DAA) en pocas manos, el 79% de estos derechos los tiene el 1% de los chilenos, y esto es muy inequitativo, además de estar sobre-otorgados, cuestión que deja a la deriva a muchos que ven, por ejemplo, pasar el agua por los canales al frente de sus casas y no la pueden utilizar.
El recién pasado 22 de marzo de 2025 se conmemoró el Día Mundial del Agua; una fecha que necesariamente nos llama a reflexionar y analizar la situación del agua en Chile y en el mundo, como también sobre sus fuentes y el ambiente que la contiene.
Desde las nacientes de los glaciares en la cordillera de los Andes, los ríos que la transportan, la lluvia que nace del ciclo del agua, que se evapora, condensa y cae en forma de lluvia; también el agua subterránea que muy escondida está disponible para su uso y otras formas naturales de obtención de agua. Estas aguas, y la base del agua que es la Naturaleza, hace tiempo que se están viendo amenazadas, por una parte por el cambio climático y también por el sobreuso del agua.
El cambio climático que algunos aún no lo reconocen, sí existe. Basta con acordarnos de las lluvias intensas y con isoterma alta que tuvimos en el invierno pasado, las sequías extremas que produjeron muchos problemas en nuestro país hace unos años, siembras que se secaron, baja de las napas subterráneas de nuestros pozos de agua potable, menos agua superficial en los canales, y agricultores que se pelearon en torno a ello, por nombrar solo algunos ejemplos.
Y qué decir del mundo entero, con las recientes inundaciones en Italia, los calores extremos en Europa en años pasados, sobre los 40º y más. Cambios en el clima que se producen por el calentamiento global, por las emisiones de carbono a la atmósfera, las que mientras no se frenen y se realicen cambios sustanciales en nuestras formas de vivir y producir.
Las alteraciones del clima las seguiremos teniendo con mayor intensidad y efectos inimaginables para la vida humana en el planeta. A la fecha ya hemos superado los 1,5º y estamos lejos de revertir la situación, a menos que tomemos medidas más drásticas, pero se requieren con sentido de urgencia.
El sobreuso del agua en Chile, tanto superficial como subterráneo, se ejerce a través de los Derechos de Aprovechamiento de Agua (DAA) y se distribuye desde la cordillera al mar, quedando siempre en desmedro las zonas rurales más bajas cuando hay sequía, dimensión que también afecta a las aguas subterráneas, distribuidas y contabilizadas por acuíferos donde se encuentran las napas que también forman parte de cuencas hidrográficas.
El problema de fondo en este sentido, es que en Chile existe una mala distribución del agua, muchos DAA en pocas manos, el 79% de estos derechos los tiene el 1% de los chilenos y esto es muy inequitativo, además de estar sobre-otorgados, cuestión que deja a la deriva a muchos que ven, por ejemplo, pasar el agua por los canales al frente de sus casas y no la pueden utilizar. Existe también un problema de gobernanza del agua, no existe un balance hídrico actualizado y hay una baja fiscalización de los usos del agua.
Tampoco existe un ordenamiento territorial (OT) para controlar especialmente los usos productivos del agua. De la torta de consumos de agua de los diferentes sectores, el mayor consumidor en el valle central es el agrícola de exportación y en el secano costero y en el sur, las forestales; en tanto, el menor de los usos es el consumo humano que bordea el 6% a 7%.

En este escenario nadie dice que no existan los DAA, pueden existir, pero en su justa medida y esto se logra -junto a otras medidas conducentes a cuidar la tierra y el agua-, con un OT que tenga en cuenta la cuenca y por sobre todo con respeto a las personas que viven en los territorios y que están desde tiempos anteriores en cada territorio.
De las actividades productivas tenemos a las mineras en la cordillera de los Andes, la agricultura de exportación en el valle central y las forestales en el secano costero y en el sur, también la producción de carnes de exportación. Pero hablamos del agua en la ruralidad, pues precisamente los mayores usos del agua se dan en los campos chilenos y es ahí donde se produce competencia y riesgos asociados también a contaminación de las aguas.
Todo ello en competencia con los menores usos de agua, entre ellos la agricultura familiar campesina, la crianza de animales a baja escala, el agua potable rural, donde los pozos y diámetros de tuberías de estos últimos son lejos inferiores a las instalaciones productivas. De ahí la competencia desleal, donde en sequía, por sobre todo, sufren los sectores de menor consumo.
Tenemos la convicción de que si hubiera una gobernanza participativa y descentralizada en torno al agua, estos problemas se resolverían; partiendo por un solo órgano que pueda administrar las aguas, con participación multidisciplinaria, tanto del Estado como de las comunidades.
La reciente aprobación de la Reforma al Código de Aguas trae cambios que pueden ser importantes, pero no son suficientes, tales como que se declare el acceso al agua potable y saneamiento como un Derecho Humano, o que prevalecerá el uso para el consumo humano y de subsistencia. Esto, además de otros artículos que benefician el agua potable rural, son positivos pero, sin embargo, dejan fuera a otros sectores menores.

La Reforma se hizo en base a la realidad actual, donde solo queda disponibilidad de agua de, más o menos, un 10% superficial y un poco más de agua subterránea. Y no se tocan los DAA ya otorgados, porque la Constitución vigente de la República no lo permite, privilegia la propiedad, el uso y goce del agua a perpetuidad, heredable, transable y transportable. Además en este cuerpo legal, la mayor norma de nuestro país no contempla el Derecho Humano al Agua y ello es muy preocupante.
Si pensamos en que estas medidas potencian el crecimiento y desarrollo de nuestro país vamos por el camino equivocado, entendiendo que es necesario crecer, pero ello se debe hacer con equilibrio ecosistémico y con respeto a las personas que viven en los territorios. Lo que queda de la naturaleza ya no es capaz de suministrar las fuentes y sumideros que permitan sostener el flujo que necesita una economía en crecimiento.
Creo que es posible avanzar, siempre y cuando haya empatía por parte del empresariado y voluntad de legislar por parte de las autoridades. En este caso, en favor de los menores consumidores de agua, buscando un desarrollo cualitativo y no tan solo cuantitativo.
Fuente: El Desconcierto