Estas son las huellas del petróleo que dejó el derrame de Petroecuador en una de las provincias más pobres de Ecuador

Idioma Español
País Ecuador
Punto exacto del rompimiento en una de las tuberías del Sistema de Oleoducto Transecuatoriano (SOTE), en el sector El Vergel, provincia de Esmeraldas, Ecuador. Esta imagen fue tomada a una semana del derrame. Foto: cortesía Manuel Avilés / Revista Vistazo

Las cifras oficiales estiman que 25 mil barriles se derramaron en espacios hídricos de Esmeraldas, una de las provincias más pobres del Ecuador. Sin embargo, la estimación de un experto consultado sostiene que sería al menos el doble de lo informado por las autoridades. La población ya presenta afectaciones a la salud, no tiene acceso a agua potable y ni pueden practicar la pesca y la agricultura, sus formas de vida. Mongabay Latam y Revista Vistazo viajaron a la zona del desastre, que se cree, podría ser uno de los peores derrames de la historia del país.

Hector Pincay tiene 54 años y vive en la parroquia Majua, a 45 minutos de la ciudad de Esmeraldas. Tiene las manos cuarteadas, llenas de callos, manos de campesino, de agricultor. Vive de lo que sale de su finca: tiene maracuyá, yuca, cacao, incluso pollo y tilapias. En realidad, tenía. Don Héctor es uno de los afectados por la rotura en una parte del Sistema de Oleoducto Transecuatoriano (SOTE), ocurrido el 13 de marzo en el sector El Vergel, ubicado en el cantón Quininde, provincia de Esmeraldas, en el noroeste de Ecuador.

“Creo que he perdido entre 3000 a 4000 dólares solo en dos semanas desde que ocurrió el derrame porque no podía mantener mis cultivos y a mis animales sin agua”, dice Héctor. Su mirada muestra tristeza, cansancio… “Tengo 30 años viviendo en mi parroquia y me siento muy mal. Hemos soportado todos los desastres, pero nunca algo así. Porque si no había dinero, bastaba un anzuelo y una atarraya para pescar (…) pero ahora lo único que cogemos son residuos de crudo”.

La mirada de Héctor también muestra esa herida oculta del derrame. Cuando llegó a su casa, y sin saber de la rotura del SOTE, se lavó el rostro con el agua del río Esmeraldas. Agarrar agua directo de este afluente es una práctica que varios esmeraldeños acostumbran desde que tienen memoria porque casi el 40 % de las viviendas no tienen acceso a agua de red pública, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC).

El río todavía no mostraba la gran mancha negra, así que no había sospecha alguna de su contaminación. “Me lavé con un poquito de agua, luego se me irritó y se me tapó la visión. Por cuatro días pasé inmóvil porque no podía ver nada. Me compliqué tanto que tuve que ir a la Clínica de Especialidades en Santo Domingo. En los exámenes me salió que me afectó el químico del petróleo. He gastado más de 340 dólares entre consultas y medicinas”.

Héctor es uno de los miles de afectados por el derrame de crudo del SOTE. Un derrame que dejó heridas físicas, y a gente sin dinero y empleo: una quinta parte de la población laboral de la provincia de Esmeraldas depende directamente de la agricultura y pesca.

Vivir sin agua

En la Isla Luis Vargas Torres habitan cerca de 2500 familias. Esta zona, que se encuentra a medio camino antes de llegar a la parroquia de Tachina, es una de las más propensas a sufrir inundaciones en la provincia por estar ubicada en las riberas del río Esmeraldas. Allí quedan los barrios Pianguapí 1 y Pianguapí 2.

Visitar este lugar, a una semana del derrame, no fue sencillo. Quienes viven en la zona recibían a cualquier extraño con gritos y reclamos. No querían ver a nadie, solo pedían agua, comida y trabajo. “Queremos que se acuerden que somos seres humanos y que hay niños pequeños. Esperaron (las autoridades) que cerremos la vía para dejar tres tanquecitos (de agua) para más de 500 personas (…), pero nos dieron agua contaminada con diesel porque nos lavamos y nos dió picazón. Usaron un tanquero que transportaba gasolina”, afirma bastante molesta Doris Montaño, de 48 años.

- Como parte de las labores de contención, Petroecuador colocó barreras para evitar que el crudo derramado en Esmeraldas siga expandiéndose y llegue al océano. Foto: cortesía Manuel Avilés / Revista Vistazo

La ruptura en el SOTE contaminó el Estero Caple, río Viche y río Esmeraldas. El petróleo que se esparció por más de 80 kilómetros de cuerpo hídrico, según cálculos del Ministerio del Ambiente, provocó que familias como la de Doris, que dependen cien por ciento del agua de estos afluentes naturales porque viven de la pesca, no puedan hacer nada. Desde el derrame no han visto peces en los ríos, y aunque lo hubieran, muchos habitantes perdieron sus herramientas de pesca porque quedaron manchadas de petróleo.

Alex Saavedra, de 36 años, es pescador, vive en la parroquia de San Mateo y trabaja todos los días en un bote junto a dos primos. Ganaban hasta 120 dólares en conjunto. Alex los usaba para alimentar a sus dos hijos. Capturaba bagres, tilapias, canchimala, gualajo y camarón de agua dulce. Hoy tiene que buscar otras formas de ganar dinero.

El caso de Alex no es aislado. El último informe sobre la contaminación ambiental en Esmeraldas (de la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos) muestra que existen once parroquias afectadas: San Mateo, Cube, Viche, Majua, Chinca, Tachina, Ciudad Esmeraldas, Rocafuerte, Ríoverde, Montalvo y Lagarto.

Además, en ese mismo documento (del 25 de marzo) señalan que hay un poco más de 5000 afectados. Esto pese a que distintas autoridades, entre ellos Vicko Villacís, alcalde de Esmeraldas, aseguran que la falta de agua en realidad afecta hasta medio millón de personas.

Habitantes del barrio Pianguapí 1, en las riberas del río Esmeraldas, protestaban por la falta de agua y ayuda para enfrentar la escasez de trabajo y de alimentos luego el derrame. Foto: cortesía Manuel Avilés / Revista Vistazo

Solo en el cantón Quinindé, sus autoridades estiman que hay más de 5000 personas sin acceso a agua. “Nuestros ríos nunca estuvieron tan contaminados como ahora. La zona es mayormente rural y son pequeñas comunidades que dependen del agua del río porque carecen de agua potable. Esto afecta totalmente sus medios de vida y de producción porque hay ganadería, cultivos afectados y no pueden trasladarse por la contaminación”, aseguró Ronal Moreno, alcalde de Quinindé, en una entrevista con Revista Vistazo.

Cuando hay un derrame de petróleo como el de Esmeraldas, generalmente, el impacto o la afectación principal se lo llevan los distintos cuerpos de agua (esteros, ríos y océano) porque ese aceite se expande rápidamente.

Al ser una mezcla de hidrocarburos, algunos son más pesados que otros. En un río, por ejemplo, los hidrocarburos más livianos (denominados volátiles) se evaporan. Hay otros, en cambio, que flotan porque son un poco más pesados y son los que forman la capa negra que cubre la superficie del agua.

Sin embargo, otros son solubles y contaminan aunque no se vea un color negro. “A veces se limitan a sacar la capa de crudo que es negra y creen que el resto no está contaminado”, detalla Alexandra Almeida, vocera de Acción Ecológica en temas petroleros. “Además, hay que tener en cuenta que el petróleo tiene metales pesados, minerales como el azufre, que se van al fondo de los ríos y que allí pueden permanecer hasta 10 años”, agrega.

Como parte del plan de contingencia, se implementaron diques y barreras de contención, entre otras acciones, pero Almeida explica que estas barreras puede que no sean tan eficientes porque la mancha de crudo suele traspasar los bloques.

De hecho, en la tarde del 25 de marzo, el ministerio de Energía y Minas informó que uno de los diques de contención (en el río Caple, sector Cube) colapsó debido a las intensas lluvias. Es decir, que volvió a existir una pequeña fuga del petróleo que ya estaba contenido. “Los trabajos de retención no logran detener todo el petróleo que suele expandirse en la superficie de los cuerpos de agua. Esto hace que los volúmenes que Petroecuador dice que ha recogido (25 mil barriles) sean menores”.

Ante la consulta de Mongabay Latam y Revista Vistazo, Petroecuador respondió que se está desarrollando el estudio de línea base biótica en los cuerpos hídricos por donde avanzó el hidrocarburo. “Una vez que se cuente con los resultados del mismo, se contará con la información necesaria para las acciones técnicamente pertinentes, conforme los lineamientos de la autoridad ambiental”, afirmó la petrolera.

Como parte de las afectaciones a la flora y fauna, se calcula que hay 52 hectáreas de cultivos destruidos, 29 animales de granja muertos y nueve playas afectadas, según el  informe de contaminación ambiental de la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos. Todavía no se logra determinar la magnitud del impacto ambiental en las 243 hectáreas del Refugio de Vida Silvestre Manglares Estuario del Río Esmeraldas, a dónde también llegó el petróleo.

- En varios puntos de los 80 kilómetros afectados por el derrame en Esmeraldas están tratando de limpiar las orillas. Foto: cortesía Manuel Avilés / Revista Vistazo

Pero el impacto a la biodiversidad no es solo en la naturaleza, podría afectar la calidad de vida de los habitantes a largo plazo. ¿Por qué? Los peces consiguen su alimento en el lecho de los ríos y allí podrían ingerir las sustancias tóxicas que, además de no degradarse con facilidad, son bioacumulables. Es decir, que se almacenan en los tejidos grasos de los peces y cuando las personas los ingieren también se comen los residuos tóxicos.

Cuando el organismo de un ser humano acumula un nivel de toxicidad alto, se generan daños en el sistema nervioso y en el sistema genético. “Provoca abortos en las mujeres cuando la exposición a los químicos es muy alta, como en la Amazonía. También provoca malformaciones y el aceleramiento de la reproducción celular que forman los tumores malignos”, dice Almeida.
Para los habitantes de las riberas de los ríos contaminados los efectos de este derrame no son el futuro, sino el presente: ya tienen laceraciones en la piel, dificultades respiratorias y problemas estomacales.

¿Se pudo evitar?

Desde hace 53 años, el cantón Quinindé alberga más de 80 kilómetros del Sistema de Oleoducto Transecuatoriano (SOTE). Este sistema tiene la capacidad de transportar 360 mil barriles por día, en una infraestructura que atraviesa las regiones de Costa, Sierra y Amazonía.

La ruptura en el SOTE contaminó el Estero Caple, río Viche y río Esmeraldas. El petróleo se esparció por más de 80 kilómetros de cuerpo hídrico. Foto: cortesía Manuel Avilés / Revista Vistazo

Pero aunque Quinindé es una zona de tránsito clave para el petróleo ecuatoriano, y hasta cuenta con una estación de bombeo de crudo para el SOTE, los recursos que se generan a partir de esta actividad pareciera que llega a cuentagotas a la provincia. Esmeraldas es la tercera provincia más pobre por Necesidades Básicas Insatisfechas (porcentual, según el último censo del INEC) y la que tiene más pobreza extrema de la costa ecuatoriana.

“No tenemos ninguna ley que compense este riesgo que hemos tenido por 53 años, porque ese es el tiempo que tiene el SOTE y las tuberías tienen su desgaste. Los daños de este derrame son irreversibles por la contaminación de los ríos, suelos y las afectaciones a la salud y medios de vida de las familias del sector. Es justo que exista alguna ley para asignar recursos y así aliviar -de alguna manera- las necesidades de nuestra gente”, comenta Ronal Moreno, alcalde de Quinindé.

No es el primer derrame que ocurre. Desde esa alcaldía recuerdan que ya van tres en los últimos ocho años: además del actual, en 2015 ocurrió uno en el Recinto Cupa, que contaminó el río Zapotal; y en 2023, ocurrió otro derrame en la vía Roto-Cube. Incluso señalan que en 1998 también se registró un derrame por un deslave provocado por el fenómeno del Niño. Esto provocó derrame de combustible y petróleo, que ocasionó un incendio de gran magnitud.

En esta ocasión, desde el mismo Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (INAMHI), se generó la advertencia: del 12 al 17 de marzo habrían lluvias más intensas que podrían ocasionar inundaciones, desbordamiento de ríos y deslizamientos de tierra. Incluso marcaron a Esmeraldas como una de las provincias con riesgo alto y muy alto de ser afectada.

- Fotografía tomada a una semana del derrame de Petroecuador, en uno de los puntos de contención del crudo, en la provincia de Esmeraldas. Foto: cortesía Manuel Avilés / Revista Vistazo

Entonces, ¿se pudo evitar? “Es necesario que en época invernal se realicen las revisiones porque las lluvias debilitan los terrenos y hay mayor propensión de deslizamientos de tierra. No creo que sea un atentado, como anunciaron las autoridades, creo que fue un desastre natural y llama la atención no solo la desgracia, sino la respuesta tardía que hubo al respecto”, explica Eduardo Rebolledo, docente e investigador , docente e investigador de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), sede Esmeraldas.

En el Plan de Manejo Ambiental del SOTE, se establecen medidas de contingencia para responder a los impactos que (por diferentes factores) pueden provocar un evento no deseado. Es decir, una hoja de ruta para coordinar el control y mitigación ante cualquier caso de derrame de hidrocarburos.

Pero más allá de la contingencia, los expertos consultados coinciden en que en un escenario ideal, la empresa debió revisar los análisis de riesgos para detectar los sitios más vulnerables que tiene el oleoducto y así proteger la infraestructura ante los posibles deslaves por la época invernal y las intensas lluvias que ya afectaban a Esmeraldas.

Aunque ya se tiene la cifra oficial de cuántos barriles fueron derramados, las autoridades y los expertos coinciden en que todavía es muy pronto para evaluar los daños y calcular el tiempo que tomaría volver a la normalidad. “Hay estudios que muestran que de lo que se recupera en maniobras de contención y retiro es hasta el 25 % de lo que pudo derramarse”, detalla Eduardo Rebolledo, de la PUCE. Estima, incluso, que la cantidad de barriles derramados superaría la cifra oficial anunciada.

El río Caple y el río Viche son una pequeña muestra del impacto. Tras el derrame de hace tres semanas, Eduardo Rebolledo, de la PUCE, catalogó ambos ríos como “muertos” ante la falta de vida marina, incluyendo la chala orillera (Bryconamericus dahli), una especie conocida por los científicos por resistir aguas bastante alteradas químicamente.

Petroecuador anunció que transfirió 700 mil dólares al ministerio de la Mujer y Derechos Humanos para el pago preliminar de compensación a las familias afectadas por el derrame de crudo. Este pago, que corresponde a un salario básico unificado ($470) por grupo familiar, se realizaría una sola vez y en base al listado de la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos que se actualizará cada 10 días, según su comunicado. Y a esto se suman entregas de raciones de comida, agua y asistencia médica.

Petroecuador respondió ante la consulta de Mongabay Latam y Revista Vistazo que se encuentra analizando los lineamientos para la compensación e indemnización de los damnificados y que dicho proceso es vigilado por la autoridad ambiental. “Establece el pago a propietarios por afectaciones a bienes y la compensación que consiste en un proyecto colectivo a implementar en las poblaciones en función del servicio ambiental afectado”, aseguró la compañía.

Para los habitantes de Esmeraldas, no hay ayuda que compense el desastre. La mirada triste de Héctor Pincay, que luego de varios días sin ver de un ojo recuperó su visión, es el recuerdo de cómo una provincia olvidada puede incluso tocar un fondo más profundo.

Fuente: Mongabay

Temas: Petróleo, Tierra, territorio y bienes comunes

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