Bety Cariño - La conozco
No sé por qué, siento que la conozco. No sé por qué, Bety Cariño ronda mi memoria entre la gente querida que ha partido… o mejor dicho, que nos han arrancado de nuestras vidas violentamente. No sé por qué se sienta a hablarme entre mis ancestras más cercanas.
No sé por qué tengo intimidad con sus sueños, con sus maneras de mirar al mundo, con sus formas de andar los caminos desafiando a los poderes más poderosos…
No sé por qué siento que Bety me acompaña. Que sus raíces quedaron aferradas a mi cuerpo, a mi territorio inmediato, y a otros tantos cuerpos queridos.
No sé por qué veo su mirada en las miradas de otras compañeras amadas. No sé por qué, pero ahí está. No ha partido.
Betty Cariño fue asesinada tres años atrás, un 27 de abril, por integrantes de la organización paramilitar priísta llamada paradójicamente Unión de Bienestar Social de la Región Triqui. Cuántos nombres ridículos hay en cada historia. Los de la Unión de Bienestar hicieron una emboscada a la Caravana de Observación por la Paz, que llevaba ayuda humanitaria a San Juan Copala. Allí fue asesinado también el internacionalista finlandés Jyri Antero Jaakkola.
Cuando la alcanzaron las balas, Betty, mujer mixteca, tenía 37 años, de los cuales la mayoría, los vivió luchando por sus hermanos y hermanas.
Su vida es la de tantas mujeres activistas, anónimas, invisibles, hasta la hora de la bala.
Recibió la influencia de la Teología de la Liberación. Luego se vinculó con organizaciones como La otra campaña, la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, la Alianza Mexicana por la Autodeterminación de los Pueblos.
Se enfrentó con decisión a la contaminación de las aguas en el valle de Tehuacan. Organizó a las mujeres vendedoras de tortillas. Impulsó proyectos de economía solidaria. Creó centros de apoyo a migrantes. Realizó programas de salud reproductiva, y de defensa de derechos de las mujeres. Organizó la lucha contra las altas tarifas eléctricas. Fue emblemática en la resistencia a la construcción de las grandes represas. Impulsó y realizó radios comunitarias indígenas y promovió la creación de la Red de Radios Indígenas comunitarias del Sureste Mexicana. Fue parte de la radiodifusora independiente La Rabiosa, que asumió centralmente la defensa de los derechos humanos del pueblo mixteca, y colaboró con la radio triqui La voz que rompe el silencio. Días antes de ser asesinada, había participado en un encuentro en apoyo a la lucha contra la Minera San Xavier, y en las protestas frente a la embajada de Canadá e México, contra el asesinato de Mariano Abarca, luchador contra la minería en Chiapas.
No sé por qué siento que me encuentro con Bety Cariño, cuando veo las manos de mujeres sin tierra que levantan banderas por la soberanía alimentaria. Cuando veo pies que caminan para denunciar los dolores que provocan los modelos de explotación de la naturaleza y las personas basados en el extractivismo. Cuando siento el latido de los corazones de las mujeres que despiertan en Nuestra América, como cuidadoras de las semillas, de los ríos, de las selvas, de los niños y niñas, como madres e hijas de los pueblos todos en resistencia.
No sé por qué Bety Cariño me acompaña tanto. Me acompaña siempre. Tal vez porque en su voz siento la vibración de un proyecto de vida que me envuelve y que logro comprender. Alejado de las proclamas politiqueras, electoreras, de las promesas vanas. Un proyecto de buen vivir que me convence como camino y como posible horizonte. Tal vez porque Bety no lleva el Cariño en su nombre por casualidad, sino porque para nuestras revoluciones, serán necesarias todas las fuerzas posibles que enciendan el amor, la alegría, la confianza en que hay más betys, más mujeres hechas de coraje y de ternura, que no sé por qué, no las conocemos. O sí las conocemos, sin saberlo.
Claudia Korol. 27de abril. 2013