Guerra biológica: lo que la prensa comercial no dice Carmelo Ruiz Marrero
Prensa
Semanario Claridad, Puerto Rico, 18-10-01
Guerra biológica: lo que la prensa comercial no dice
Carmelo Ruiz Marrero
Desde antes de que se reportaran los casos de ántrax de las últimas semanas, ya la prensa comercial puertorriqueña publicaba un artículo tras otro acerca de la amenaza de la guerra biológica. En todos estos artículos se presenta a Estados Unidos como la nación inocente que nunca realizó ni realizaría un acto de guerra biológica. Tal percepción es pura fantasía, y se sostiene solamente a costa de ignorar algunos hechos, que presentaremos a continuación.
Estados Unidos contra el mundo
En su cobertura sobre este desagradable tema, los medios noticiosos comerciales evitan mencionar que el presidente Bush ha saboteado todos y cada uno de los esfuerzos internacionales por erradicar las armas biológicas. Desde 1972, Estados Unidos es firmante de una convención internacional contra las armas químicas y biológicas. Los países firmantes se comprometen a nunca desarrollar, ni mucho menos usar, tales armas.
Durante la década pasada, los miembros de la Convención decidieron establecer un Protocolo de Verificación para poder saber con certeza si hay alguien desarrollando armas biológicas a espaldas del resto del mundo. De aprobarse tal Protocolo, los países firmantes de la Convención deberán permitir visitas de equipos internacionales de observadores, a quienes se les permitirá inspeccionar cualquier facilidad potencialmente sospechosa: laboratorios médicos, fábricas farmacéuticas, hospitales militares, etc.
La administración Bush se opuso terminantemente al Protocolo, y repudió la mera sugerencia de que vaya a permitir extranjeros a entrar al territorio nacional para verificar si Estados Unidos cumple con sus obligaciones y compromisos internacionales. Este es el mismo gobierno que le exige a Iraq que permita la presencia de observadores internacionales precisamente para verificar si ahí hay armas químicas o biológicas. 
Para Bush no era suficiente la no-cooperación; había que destruir el Protocolo. La delegación estadounidense se dedicó a sabotear y socavar todo lo que intentaban hacer los negociadores del Protocolo. Finalmente el pasado mes de julio lograron dar al traste con las negociaciones. Gracias a los diligentes esfuerzos de Washington, hoy día la Convención contra Armas Químicas y Biológicas es letra muerta, y ahora no hay, ni habrá en el futuro cercano, un mecanismo internacional para prevenir la proliferación de estos armamentos.
Peor aún, dado que la Convención funciona por consenso, todo lo que se haga en ella debe tener el consentimiento de todos los países participantes. Esto significa que representantes de Estados Unidos pueden ir a todas las reuniones y darle el veto a cualquier intento por revivir el natimuerto Protocolo.
Estados Unidos hizo lo mismo con el Protocolo de Kyoto para la prevención del calentamiento global, con los intentos por erradicar las minas antipersonales, y con la Conferencia Mundial sobre el Racismo, celebrada en Suráfrica el pasado verano. Este es el mismo gobierno que reclama y exige ahora cooperación internacional contra el terrorismo.
Travesuras de la CIA
El 4 de septiembre salió a la luz pública una razón por la cual Estados Unidos no quiere cooperar con nadie para erradicar las armas biológicas. Ese día, el New York Times anunció que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) tiene un programa- hasta entonces secreto- de guerra biológica que viola directamente la Convención que la prohibe. Según el periódico, la CIA tiene una facilidad en Nevada donde fabrica y prueba armas biológicas. ¡No en balde rechazaban un Protocolo de Verificación!
Si cualquier otro país hubiera realizado tal acción, se hubiera ganado severas críticas de Estados Unidos y quizás también un ataque militar, comentó Edward Hammond, de The Sunshine Project, organización internacional dedicada a prevenir la guerra biológica.
Fuentes cercanas al Times le indicaron a Hammond que los reporteros conocían de la base secreta de la CIA en Nevada desde mayo. De ser así, ¿Porqué callaron por cuatro meses hasta después de arruinadas las negociaciones del Protocolo de Verificación? ¿Será que la integridad periodística del Times está subordinada a la agenda de las fuerzas armadas y las agencias de espionaje?
Luego, a mediados de septiembre, la doctora Barbara Rosenburg, de la Federation of American Scientists, halló documentos del Departamento de Energía que afirman que el Ejército de Estados Unidos planea- o quizás ya lo ha hecho- probar armas biológicas cargadas con microbios letales en dos grandes cámaras en el Edgewood Chemical and Biological Center, en Maryland.
El Sunshine Project ha recibido información al efecto de que existe una instalación similar en el Laboratorio Nacional Sandía en Nuevo México. Incidentalmente, el laboratorio Sandía se encuentra en la base aérea Kirtland, la cual participa del Joint Non-Lethal Weapons Program. Este es un programa para la creación de armas "no letales" con implicaciones verdaderamente siniestras y Orwellianas, según denuncia Hammond.
Ya es una realidad
Otro hecho que muy afanosamente ignora la prensa comercial es que la guerra biológica y química no es un escenario futurista, sino que ya es una realidad. No nos referimos a los muy comentados casos de ántrax, sino a la guerra biológica y química que Estados Unidos ha desatado en los Andes como parte de la famosa "guerra contra las drogas". Para erradicar cultivos de coca y marihuana en esa zona, Estados Unidos está asperjando herbicidas tóxicos desde aviones y diseminando un hongo genéticamente alterado, conocido como agente verde. ¿Quién puede asegurar que ese hongo atacará solamente las plantas de marihuana y coca? ¿Quién puede asegurar que el agente verde no se saldrá de control para convertirse en un desastre ecológico de proporciones planetarias? 
El uso de agentes químicos y biológicos con el propósito explícito de destruir vegetación es particularmente preocupante, ya que la zona andina entre Bolivia y Perú es uno de los más importantes centros de diversidad biológica en el planeta. De ahí es que se origina la papa, y aún hoy día agrónomos de todo el mundo acuden al altiplano andino para obtener material para mejorar sus variedades de papa. Un descalabro ecológico en el lugar de origen de la papa podría comprometer seriamente su viabilidad como alimento y por ende tendría consecuencias funestas para la alimentación mundial.
De cualquier manera, la guerra biológica no es nada nuevo en Estados Unidos. Comenzó probablemente hace dos siglos, cuando las fuerzas armadas obsequiaron a los indígenas norteamericanos con sábanas infectadas con sarampión.
Y aquí en Puerto Rico ya sabemos de cómo los estadounidenses experimentaron con radiación y agente naranja en el bosque tropical El Yunque, con municiones de uranio en Vieques, y con el cuerpo de nuestro prócer nacional don Pedro Albizu Campos.
PARA MAS INFORMACION: http://www.sunshine-project.org/
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