Argentina: El 20% de nuestro territorio sufre erosión


Prensa


La Nación, Argentina, 7-7-02
http://www.lanacion.com.ar/02/07/07/sl_411676.asp 

El 20% de nuestro territorio sufre erosión



Se estima que un 20% del territorio argentino (unas 60 millones de ha) está afectado por erosión hídrica y eólica. Según estudios del INTA, el deterioro registra una tasa de crecimiento de 200.000 ha por año.

La pérdida económica que genera este fenómeno se calcula en alrededor de US$ 1000 millones de dólares por año (de los cuales la pampa húmeda concentra el 60%). Estas cifras, sin embargo, se duplicarían si consideráramos el daño provocado por las inundaciones en caminos, embalses, puentes, rutas y alcantarillas.

La erosión hídrica se manifiesta con mayor severidad en la región pampeana, en el centro y el oeste de Entre Ríos, y en las cuencas de los ríos Carcarañá y Tercero (en Córdoba), Arrecifes (en el sur santafecino) y en el Arroyo del Medio (ubicado en el norte bonaerense). Sólo en la pampa ondulada (que cubre unos 4,6 millones de ha en el norte de Buenos Aires, Sur de Santa Fe y sudeste de Córdoba), el 35% del área padece este proceso de desgaste.

La erosión eólica, por su parte, afecta unos 6 millones de ha en el sector semiárido de la región pampeana, y su efecto se incrementa por la falta de rotación de cultivos, el uso reiterado de implementos de labranza inadecuados, el sobrepastoreo, la desforestación y el laboreo de tierras no aptas para la agricultura, según explica Roberto Casas, director del Instituto de Suelos del INTA.

Este fenómeno de deterioro avanza también en la Patagonia, donde existen unos 10 millones de ha en estado de erosión de severo a grave en Santa Cruz, Chubut y Río Negro.

En la pampa húmeda

En la historia agrícola argentina se encuentran muchas de las causas de la degradación de los suelos. "Estudios realizados por el Instituto de Suelos del INTA sobre 5 millones de ha de la región maicera tradicional mostraron que los niveles de materia orgánica disminuyeron progresivamente con el uso agrícola, pasando de un promedio del 3,2% en suelos con rotación agrícola-ganadera al 2,7% en suelos sometidos a agricultura continua por períodos de más de 20 años", citó Casas.

Se calcula que por cada centímetro que se erosiona se dejan de producir 250 kilos de maíz por ha, 150 kilos de trigo y aproximadamente 100 kilos de soja, apunta el técnico.

Si bien en la década del 90 hubo incrementos constantes de los rendimientos agrícolas (se pasó de 40 a más de 70 millones de toneladas de granos), el uso de fertilizantes no logró compensar la extracción de nutrientes. Según estimaciones recientes, señala Casas, sólo se reponen el 25-30% del nitrógeno y el 50-55% del fósforo en los cultivos de trigo, maíz, soja y girasol de la pampa húmeda. Por otra parte, se estima que el proceso de acidificación ya afectó unas 16 millones de hectáreas.

En los noventa, "uno de los avances más importantes desde el punto de vista de la conservación del suelo fue la siembra directa, que basa su alta eficiencia en el control de la erosión por el mantenimiento en superficie de importantes niveles de cobertura aportada por los rastrojos de los cultivos", explica Casas. Este sistema, que cubrió 10 millones de ha en la última década, evita el impacto agresivo de la gota de lluvia sobre el suelo, y del viento en las zonas semiáridas o en épocas secas. Al mismo tiempo, la cobertura vegetal frena el escurrimiento superficial y favorece la infiltración del agua.

Pero este escenario corre el riesgo de desdibujarse dada la falta de financiamiento para los productores. Ya se registra una menor aplicación de fertilizantes y algunos volvieron a la labranza convencional, corridos por el precio de los insumos.

Riesgos y posibilidades

El aumento de la productividad de áreas agrícolas es un objetivo ineludible para satisfacer la futura demanda de alimentos. De lo contrario, nuevas tierras deberán aprovecharse, y eso causaría más degradación de los suelos y la desaparición de bosques.

La agricultura de precisión será la principal herramienta para alcanzar mayor efectividad productiva, admite el técnico. El sistema "permitirá ajustar las dosis de nutrientes y agroquímicos a las necesidades de las plantas para evitar efectos ambientales".

A esta altura cabe preguntarse si el único patrón que guiará la utilización de los suelos será el económico. "El objetivo fue tender a una agricultura eminentemente productivista, y está bien que la Argentina se proponga alcanzar 100 millones de toneladas de granos, dada la capacidad tecnológica que existe. Sin embargo, este proceso descuidó al hombre como eje del cambio -señala Casas-. En este momento se plantea una agricultura sin agricultores". En su opinión, la concentración del poder económico en grandes extensiones cultivadas (a cargo de contratistas), si bien hizo posible la expansión agrícola, no favoreció el desarrollo integral de las zonas productivas.

"El dueño de la tierra es quien debe velar por ella y las políticas deben favorecer el afincamiento en las áreas rurales. Un apóstol de la conservación en Estados Unidos, Hugh Bennett, decía que no basta que una nación produzca gran cantidad de commodities si olvida al hombre como eje del desarrollo", comenta Casas.

Por Analía H. Testa

De la Redacción de LA NACION

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