Ecuador: madre naturaleza
El punto de vista de Arturo Villavicencio sobre los textos constitucionales referidos al medio ambiente
Entre nosotros existen hombres extraordinarios. Uno de ellos es Arturo Villavicencio. Fue un activo miembro del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC en las siglas en inglés) que produjo el informe sobre cambio climático. El IPCC recibió en el 2007, el premio Nobel de la Paz por su contribución al conocimiento de este apremiante problema global. Es un académico con muchos años de investigación en institutos del más alto nivel a nivel mundial. ¿Existe una voz más autorizada para pronunciarse sobre los temas medioambientales? Lo dudo.
Tuve la fortuna de escuchar el punto de vista de Arturo Villavicencio sobre los textos constitucionales referidos al medio ambiente.
Antes de sintetizar su punto de vista es importante recordar el grave deterioro ambiental del Ecuador: la tasa de deforestación es una de las más altas de América Latina, hemos destruido enormes áreas de manglar, el páramo, del que depende el agua potable de las ciudades de la sierra, se reduce dramáticamente y la rica biodiversidad que caracteriza al país está en serio peligro. Al paso que vamos la herencia de las nuevas generaciones de ecuatorianos, nuestros hijos y nietos, será un erial. Esto lo saben muy bien quienes han luchado por la defensa del medioambiente, desde diversas posiciones y con ópticas diferentes.
¿Qué nos dice el premio Nobel de Ecuador sobre la propuesta constitucional? Un primer aspecto que destaca es la nueva actitud ética de la propuesta Constitucional tiene ante la naturaleza. La naturaleza deja de ser un objeto de explotación al cual es posible exprimirle sin consecuencia alguna. La naturaleza madre, la Pachamama se lo entiende, constitucionalmente hablando, como el espacio en donde se reproduce y realiza la vida.
Esta primera definición se reafirma con el reconocimiento de los derechos de la naturaleza. En palabras de Arturo Villavicencio, nuestra relación con la naturaleza se desplaza desde el ser humano como el centro, hacia una en la que se establece la mutua colaboración, sin llegar al extremo de egocentrismo (la prioridad absoluta del medio sobre el ser humano). Esta es la base de una forma de solidaridad efectiva con las nuevas generaciones, con nuestros hijos y con los hijos de nuestros hijos. Esto, que los ambientalistas denominan "desarrollo sustentable" es una de los aspectos sustantivos del "buen vivir".
Se necesita audacia y valentía para una innovación tan radical. Así lo reconoce Arturo Villavicencio.
Más allá de la alharaca que se armó sobre el derecho de la naturaleza y de nuestro egoísmo generacional, está esa "nueva actitud ética" frente a la naturaleza. Esta es una propuesta de la nueva Constitución. Si a esto añado la amplia gama de derechos y garantías a los ciudadanos tengo sobradas razones para un voto positivo. ¡Son razones de fondo!