Centroamérica y la Soberanía Alimentaria

"Somos una región sin soberanía alimentaria, como una de las herencias principales del neoliberalismo. Eso nos lleva a definir como una bandera de lucha, imponer el modelo de Soberanía Alimentaria en sustitución del modelo de agro negocios alimentado por el neoliberalismo."

Las organizaciones campesinas a nivel mundial y regional han cuestionado el modelo neoliberal por haber provocado la destrucción de las economías campesinas. Las medidas dictadas en su momento por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, entre otras instituciones multinacionales y financieras, han sido acatadas a rajatabla por los gobiernos locales y han dejado a Centro América en una situación precaria, buscando la autosuficiencia. La apertura comercial agrícola, desprotegió a los productores Centroamericanos y los imposibilito de competir con los bajos precios de la oferta del mercado. La crisis se agravará si no imitamos a los países ricos, que no abren sus mercados agrícolas a la competencia del mercado mundial, sino que lo protegen con barreras a la importación y aún así lo llaman "libre comercio”. Todas estas políticas han llevado a una mayor profundización de la pobreza rural y urbana a nivel mundial. Esta situación se muestra de manera particular en los países no desarrollados en una creciente inseguridad alimentaria, tal como lo denuncia la misma FAO.

El problema es que emitieron la iniciativa de un modelo diferente. El modelo de agronegocios que el neoliberalismo implementó, causando los estragos enumerados y que quienes lo pagan somos los más empobrecidos. En Centroamérica, Nicaragua es el único país que tiene una ley vigente de Soberanía Alimentaria y nutricional, que fue aprobada por el parlamento el 16 de julio 2008. La Ley permite a las autoridades gubernamentales planificar y ejecutar políticas y acciones que garanticen la producción mínima de alimentos, para asegurar el abastecimiento y consumo de la población de Nicaragua. Es de orden público y de interés social, porque favorecerá y contribuirá a las poblaciones más pobres y vulnerables de ese país, contar con una reserva nacional en caso de escasez de alimentos. Los que deben ser accesibles física-, económica-, social- y culturalmente a los consumidores locales, de forma oportuna y permanente. Ya es tarea del Estado asegurar la disponibilidad y suficiencia de los alimentos, a través del desarrollo y rectoría de políticas públicas vinculadas a la Ley de Soberanía y Seguridad Alimentaria y nutricional, para su plena implementación.

Sin embargo, en la región los últimos veintiún años se ha vivido el peor estancamiento de la producción de alimentos y por lo tanto, una creciente dependencia alimentaria. Estas políticas han provocado un golpe profundo a la economía campesina regional, el incremento masivo del desempleo rural y, consecuentemente, un empobrecimiento creciente de la familia campesina. Los agricultores en este momento no tienen la posibilidad de ascenso social. Las familias campesinas están envejeciendo cada vez más y no estamos renovando esa población. Los gobiernos y las trasnacionales han venido contribuyendo en un proceso de descampesinización. Un ejemplo es Costa Rica; en los años ochenta el presupuesto para el agro era del 11% y hoy no llega ni a 1%. En la década de los ochenta se dio el rompimiento de las instituciones relacionadas con el agro. Hoy se dice que la única vía de desarrollo es la inversión extranjera. Lo que es la transnacionalización del agro o la industrialización del agro.

Somos una región sin soberanía alimentaria, como una de las herencias principales del neoliberalismo. Eso nos lleva a definir como una bandera de lucha, imponer el modelo de Soberanía Alimentaria en sustitución del modelo de agro negocios alimentado por el neoliberalismo.

Esta creciente dependencia alimentaria que se vive en Centroamérica, que en la terminología de la FAO significa la pérdida de la seguridad alimentaria de la inmensa mayoría de personas en los países no desarrollados, es también un fenómeno mundial; como fue constatado en la última reunión de la FAO que se desarrolló en Roma en julio del año 2008. En su discurso de apertura para dicha cumbre, convocada para hacer frente a la actual crisis alimentaria mundial, el director Jaques Diouf indicó que en 2006 el mundo gastó 1,2 billones de dólares de EE.UU. en armamento, mientras se desperdició comida por valor de 100,000 millones de dólares y el exceso de consumo por parte de los obesos ascendió a otros 20,000 millones a nivel mundial.

"Frente a este telón de fondo, ¿cómo explicamos a personas con sentido común y buena fe que no es posible encontrar 30,000 millones de dólares al año que permitan a 862 millones de personas hambrientas disfrutar del más elemental de los derechos humanos: el derecho a la alimentación, y por tanto el derecho a la vida?— se preguntó Diouf. "Son recursos de esta magnitud –añadió- los que permitirán enterrar de forma definitiva el espectro de los conflictos por los alimentos que se anuncian inminentes en el horizonte”.

"La solución estructural al problema de la seguridad alimentaria en el mundo estriba en incrementar la producción y la productividad en los países de bajos ingresos y déficit alimentario”, aseguró. Ello requiere "soluciones innovadoras e imaginativas”, que incluyen "acuerdos de asociación entre países que tienen recursos financieros, capacidad de gestión y tecnología y países que tienen tierra, agua y recursos humanos”.

La presente crisis alimentaria mundial ya ha tenido, según Diouf, "trágicas consecuencias sociales y políticas en diferentes países”, y podría poner en peligro aún más "la paz y la seguridad mundiales”. Pero advirtió que la crisis es en esencia "la crónica de un desastre anunciado”. A pesar de la promesa solemne realizada durante la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996 de reducir a la mitad el número de hambrientos en el mundo para 2015, mas sin embargo en los últimos días las Naciones Unidas confirmo que este año no habrá disminución sino que un incremento considerable en la pandemia mundial que se quiere disminuir, los recursos para financiar programas agrícolas en países en desarrollo han disminuido de forma significativa en estos años y ahí están los resultados.

Estamos convencidos de que la comunidad internacional debe tomar acciones urgentes y coordinadas con el fin de combatir la repercusión negativa del aumento de los precios de los alimentos sobre los países y las poblaciones más vulnerables del mundo. Estamos, además, convencidos de que se precisan iniciativas de los gobiernos nacionales a corto, medio y largo plazo, con el apoyo de la comunidad internacional, para satisfacer las necesidades mundiales y las de los hogares en cuanto a seguridad alimentaria. Por tanto, existe una necesidad urgente de ayudar a los países en desarrollo a expandir la agricultura y la producción de alimentos; Tenemos campesinos sin tierra, tenemos problemas jurídicos con campesinos que tienen sus tierras y no tienen sus títulos, por lo que esas son las principales acciones a desarrollar.

La crisis global (financiera, ambiental, alimentaria) hace imprescindible el fortalecimiento del sector agrícola para poder satisfacer una demanda regional tanto como mundial. Estamos aquí para abordar los desafíos existentes en nuestro sector, así como la actual situación de aumento de los precios de los alimentos que está teniendo efectos adversos sobre la seguridad alimentaria, particularmente en los países en desarrollo. La gravedad de estos fenómenos aumenta cuando la situación indica que los precios de los alimentos se mantendrán elevados en los años venideros.

Leo Peña y Fernando Francia
Karla Oporta y Anna Lok
CLOC-Vía Campesina, Centroamérica

Fuente: ADITAL

Temas: Soberanía alimentaria

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