Su campiña es una desolación: un cementerio: lo único que usted ve es, esa grosera alternancia del mono-cultivo: arros, frejol, arroz, frejol: y esto es una monotonía de barbarie y de terquedad, del obstinado que no quiere escuchar nada que no se reduzca a este practicismo estrecho y presentista. Usted ve un camanejo que se enorgullece de la rentabilidad del suelo, porque le permite -ajustadamente- satisfacer sus necesidades primarias; pero es un sujeto inconsciente de la destrucción, de la dantesca devastación que esa proeza ha significado para con su situación ecológica. Los desbordes del río erosionaban grandes zonas de terrenos de cultivo y arruinaban sus sembríos, es cierto. Y este pobre hombre optó por lo más racional según él: canalizar el río. Lo que no advirtió este pobre hombre, es, que el remedio resultó peor que la enfermedad: sípeor que la enfermedad: la canalización del río conllevó la devastación de los bosques ribereños: los bosques de la margen izquierda del río Camaná, y que constituían una larga franja desde el Chiflón hasta Pampata: no menos de cincuenta kilómetros de largo, y el ancho de esta franja era de por lo menos cien metros: franja poblada de especies endémicas como el callacás o pajarobobo, la chilca, el huacán..., y una rica fauna silvestre, como por ejemplo, , la zenaida asiática, conocida vulgarmente como "cuculí".
Salta a la vista que estos bárbaros (con el perdón de Alarico, porque esta comparación le es ofensiva; Alarico no estaba obligado a conocer de ecología); estos bárbaros, digo, la ven a la naturaleza no como algo que forma parte de su existencia humana, sino como algo ajeno y subordinado a sus ambiciones desarrollistas. Dentro de su estrecha lógica, si el río destruye mis sembríos, entonces tengo que deshacerme de la malsana influencia del río; es una lógica grosera y mezquina, que tiene una inspiración egocéntrica: lo único que en ella se cuida es, la conveniencia material y presente del campesino. Para estos miserables, tal es su escala axiológica, que su subsistencia material vale más que el bosque, y vale más que el derecho que las generaciones venideras y la Humanidad tienen, a disfrutar de ese bosque. He ahí el egoísmo brutal de este pobre hombre, que subordina todo, a sus conveniencias mezquinas. Esos bosques, no los creó él: no le han costado nada: él ya los encontró; y no es que la naturaleza se los pusiera a él como una bandeja: no le asistía ningún derecho pues, a destruir aquello que a él nole había costadoproducir.
Un miserable fue el artífice de esta devastación, allá por los años 70 y 80 del siglo pasado: el ingeniero Rubén Terán Adriazola: un tecnócrata que se prestó para realizar estas obras de canalización, de lesa ecología.
Esta degradación moral del ser humano, que no sabe vivir en armonía con su entorno, y que además afecta a lo que es patrimonio de la Humanidad, este bárbaro que se irroga el derecho a disponer en su provecho lo que no le ha costadoproducir, esta barbarie, debe ser conocida por la comunidad internacional. No es cierto lo que dicen los camanejos en sus páginas web: mienten descaradamente, toda vez que ocultan estas atrocidades.Ellos se muestran complacientes por unos kilos de arroz que obtienen de más, pero eso demuestra su indigencia axiológica. Esto es muy peligroso, porque un hombre que somete la realidad a sus conveniencias egeístas del presente, si ese hombre constituye masas, como es el caso de los camanejos, ese hombre decide el futuro de la naturaleza, de la historia, de la humanidad, y muchas cosas.
Quiero que el mundo se entere de esta barbarie, de la que nadie quiere hablar.
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